Introducción:
En el mundo corporativo actual, el fraude dejó de ser un riesgo excepcional para convertirse en un fenómeno latente. No importa el tamaño de la empresa, su trayectoria o el rubro: cuando se combinan incentivos incorrectos, fallas en los controles y culturas organizacionales débiles, el riesgo de fraude se puede materializar. ¿La buena noticia? Hoy existen cada vez más herramientas para anticiparse. La clave está en querer mirar.
¿Por qué ocurre el fraude? Mirada internacional a un fenómeno universal
Según estudios recientes de asociaciones globales de auditores forenses, más del 50 % de los casos de fraude corporativo son cometidos por empleados con más de cinco años dentro de la compañía. Es decir, son personas que “cuentan con la confianza de todos”. Esto demuestra lo incómodo del tema: el fraude no suele venir desde afuera, sino que se gesta internamente, en espacios donde se supone que ya no hace falta revisar ni preguntar.
A nivel internacional, las empresas que mejor responden al fraude no son necesariamente las que tienen los controles más sofisticados, sino aquellas que han instalado un estilo de gestión que empodera a los equipos para cuestionar, reportar y “levantar la mano” ante comportamientos inusuales. En otras palabras: la cultura no reemplaza al control, pero muchas veces lo anticipa.
Tres señales tempranas para activar las alertas
Aunque cada caso es distinto, existen ciertos patrones que se repiten como “banderas rojas”:
- Cambios de estilo de vida sin explicación aparente
Cuando un colaborador modifica abruptamente sus patrones de consumo (vehículos, viajes, compras), sin estar asociado a promociones u otras fuentes conocidas de ingreso, vale la pena mirar con atención. - Resistencia frente a los controles o solicitudes de información
Las personas que se oponen activamente a revisiones o se ofenden ante auditorías tienden a estar protegiendo algo. Las empresas saludables conversan naturalmente sobre trazabilidad, reportabilidad y cumplimiento. - Procesos clave manejados por una sola persona
La concentración excesiva de funciones como compras, pagos o manejo de caja en un solo individuo es, por diseño, una vulnerabilidad. Donde no hay separación básica de roles, el fraude no solo es posible, sino tentador.
Prevención inteligente: tecnología + liderazgo
Las herramientas tecnológicas actuales permiten monitorear transacciones, detectar patrones inusuales y generar alertas tempranas frente a movimientos sospechosos. No se trata de reemplazar el criterio humano, sino de amplificarlo, entregando información oportuna que permita actuar antes de que el problema escale.
El liderazgo ejecutivo cumple un rol insustituible: debe comunicar permanentemente que el control interno no es desconfianza, sino una forma madura de proteger el negocio (y a quienes lo construyen día a día). Una cultura que celebra la transparencia es mucho más difícil de defraudar.
Mirar hacia dentro es mirar hacia adelante
Prevenir el fraude no tiene que ver con perseguir culpables, sino con cuidar lo que importa: la reputación, la sostenibilidad financiera y la confianza de nuestros clientes y colaboradores. Las empresas que logran abordar el tema de forma abierta, ágil y proactiva son también aquellas que resuelven mejor sus desafíos estratégicos.
El fraude prospera cuando existen espacios grises y falta de supervisión. Fortalecer una cultura que valore lo correcto, integre la tecnología como aliada y responda con agilidad frente a las alertas es, hoy más que nunca, lo que permite construir organizaciones más seguras y protegidas
Sobre el autor:
Ximena Medel Rendic
Directora Auditoría Interna – AA&C Group.